Cuando llega el segundo: ¿tándem sí, o tándem no?

Estamos ya en un punto de la andadura del grupo en el que Esther y yo comenzamos a ser testigos de mamis que regresan a él, después de un paréntesis de bastantes meses, con tripitas incipientes o, incluso, con el segundo o la segunda ya pegado/a al pecho (y es que no hay nada como tener procesada e interiorizada la información que recopilamos con el primero para utilizarla rápidamente en cuanto el segundo asoma su naricita). Lo cual nos congratula: al fin y al cabo, suelen ser mamis que no tienen problemas para establecer sus lactancias, pero disfrutaron de su paso por el grupo cuando vinieron a él por primera vez, y repiten.

Una de las dudas que se plantean las mamis si el mayor todavía toma pecho es cómo conciliar la alimentación del recién llegado con el veterano de la teta.

Si se puede.

Si es beneficioso para alguien.

Si es fácil.

Como suele ser el caso en estos temas, la respuesta más sincera no es la más corta ni la más tajante. Así que vamos a ir pasito a pasito (sí, ya lo sé, yo también tengo esa canción taladrada en mi cerebro).

Sí, se puede

Que no cunda el pánico: digan lo que digan, hay leche para todos. Sino, que les pregunten a las mamás de mellizos, gemelos o trillizos, por ejemplo. Puedes leer un montón de información útil sobre la lactancia en tándem aquí. Así que por poderse, se puede. Es más, cuando hay tándem, durante el primer mes el pequeño gana peso más rápidamente que cuando no lo hay. Y contrariamente a lo que se creía, dar el pecho durante el embarazo tampoco provoca que el bebé nazca más pequeño, ni que los embarazos sean más cortos (cuando dar el pecho al mayor provoca contracciones, simplemente se interrumpe la toma y esas contracciones paran).

Sí, es beneficioso

¿Para quién? En primero lugar para el mayor o la mayor, que no se ve destetado/a forzosamente por el embarazo o la llegada del pequeño. No parece gran cosa, así a simple vista, pero para él o ella supone un cambio menos en su ya ajetreada nueva existencia. Y eso siempre es de agradecer.

En segundo lugar, para el bebé, pues la lactancia en tándem favorecerá el vínculo con su hermana o hermano mayor. Además, parece ser que no se producen las crisis de crecimiento, puesto que hay en todo momento leche de sobras.

Y por último pero no menos importante, para la madre, que podrá pedir al mayor que le vacíe el pecho cuando le moleste el exceso de leche, previniendo posibles obstrucciones y otros problemas del pecho que suelen presentarse durante las primeras semanas de vida del bebé.

¿... Y fácil?

Ésta es la pregunta más peliaguda.

Si consigues superar el embarazo dando de mamar al o a la mayor (a menudo se destetan solos porque disminuye la cantidad de leche disponible, o les destetamos nosotras porque los pezones se convierten en zonas ultra sensibles de nuestro cuerpo), la continuación ya no tiene mayores complicaciones. Podrás comenzar con la lactancia en tándem sin mayor problema. Ahora bien, en algunas ocasiones he sido testigo de situaciones complicadas: cuando el mayor, en su necesidad intuitiva y vital de mami, quiere recuperar el tiempo que ahora le arrebata el pequeño, asegurarse de que es querido como antaño...

Es decir, que puede ser que la relación entre el hermano o la hermana mayor y la mamá se vea afectada... para mal. Que la mamá viva esta lactancia del mayor como una intrusión en su vínculo entre ella y el bebé, que tenga dificultades para relacionarse normalmente con él o ella. Que eche de menos la intimidad que proporciona el alimentar con lactancia materna al bebé, a solas, los dos. Que los cambios en casa provoquen que el o la mayor sea más demandante, a ratos exigente. Poco tolerante con mamá. A menudo enfadado con ella. 

En palabras de María, mamá de Xil y de Marc, a veces"la demanda del mayor puede agobiar. Pero tienes que intentar empatizar y comprender por lo que está pasando y tener mucha paciencia. Aunque te sientas como una vaca lechera, al menos en mi caso me pasé el primer mes dando teta todo el tiempo, a uno y/o al otro..." A pesar de ello, María recomienda la lactancia en tándem, aunque también puntualiza: "solo si te sale de dentro, si te apetece de verdad. Porque habrá momentos de estrés y creo que destetar al mayor una vez nacido el hermano puede ser muy perjudicial. Con el hermano recién nacido estará en un estado demasiado vulnerable. Mejor hacerlo durante el embarazo."

Resumiendo...

  • Si estás dando el pecho y te quedas embarazada, puedes seguir dando el pecho sin mayor problema. No es necesario destetar al mayor si ni él ni tú queréis, y sobre todo si a ti no te duele.
  • Las primeras fases del embarazo son las mejores para decidir si quieres o no mantener la lactancia materna del mayor cuando nazca el pequeño. Infórmate, ven al grupo, pregunta a otras mamás que hayan amamantado en tándem y consulta con tu corazoncito.
  • Si has decidido destetar al mayor, ven a vernos, escríbenos o llámanos para que podamos ayudarte con el proceso.
  • Una vez llegue el pequeño o la pequeña, ármate de paciencia, y procura rodearte de familiares que no te juzguen y estén dispuestos a echarte una mano (de verdad).
  • El nacimiento del bebé suele provocar que el mayor o la mayor, que a lo mejor ya era bastante autónomo cuando te quedaste embarazada, vuelva a querer mami como si no hubiera un mañana. A veces incluso el proceso se adelanta a la fase del embarazo. Es un proceso normal. Piensa que su mundo ha dado un giro de 180 grados, y tiene que asegurarse de que sobra amor para todos, de que no se le va a abandonar para dejar espacio al recién llegado -tardará posiblemente meses en quedar convencido...
  • Es una obviedad, lo sé, pero no quería dejar de puntualizar que la lactancia en tándem tiene pros y contras, como casi todas las decisiones. La respuesta, al final, solo te pertenece a ti.

El grupo en verano

Como supongo que ya sabréis, mientras duren las vacaciones escolares nos reuniremos los miércoles, de 18 a 20 h en el parque de la Fontsanta, detrás de las viñas y la guardería El Gegant Del Pi.

El lugar es sombreado y a pesar del calor, de momento hemos estado tan ricamente.

Muchas llevamos a nuestros hijos mayores, así que no dudéis en traer a los vuestros, y si podéis, algún juego divertido, una pelota... y algo de merienda para compartir, también. Esther ha cometido el error de decir que el miércoles que viene nos trae su hojaldre con nutella (a ver si hay suerte y llega calentito...). :-)

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¿Pero por qué querría nadie hacerse vegetariano (cuando está tan rico el jamón serrano)?

Escribo esta entrada, aunque nada tenga que ver con la lactancia materna ni con la maternidad, porque llevo tiempo pensando en cuánto me hubiera gustado que alguien, ahí fuera, en el ciberespacio, publicara en un texto qué razones podría tener nadie para hacerse vegetariano o vegano, cuáles son sus ventajas e inconvenientes, y me resolviera algunas dudas de tipo dietético-nutricional. Así que aquí tenéis mi experiencia, por si puede servirle a alguien. 

Si tú eres una de esas personas que te imaginas, a veces, siendo vegetariano o vegano, pero no sabrías exactamente por qué hacerlo y todas las razones te parecen vagas o insuficientes, aquí va mi historia:  

 

Todo comenzó por una preocupación de índole nutricional. Realmente, desde siempre he basado mi alimentación en las verduras, pero nunca he tenido la impresión de llevar una dieta equilibrada. Comía muchos dulces, y siempre había galletas en casa. También me encanta y comía a menudo embutido y mantequilla. Mermeladas y helados. Aunque la carne hace bastante tiempo que me da un poco de…  ¿cómo decirlo? ¿asco? Sí, creo que es el término más apropiado…  solo hace unos meses fui consciente de que, cuando comíamos fuera, pedía casi exclusivamente pescado. O pollo. El caso es que tuvieran el aspecto y el sabor lo más alejados del animal de origen posible. ¿Os dais cuenta? Yo no, hasta hace poco.

Paralelamente vino el asombrarme ante lo bien que se alimentaban algunas de las mamis del grupo de apoyo. Sí, sí; ¡de éste! Enviaban fotos a través del grupo de WhatsApp de platos deliciosos y completamente sanos que acababan de cocinar, para ellas y para sus bebés. A veces incluso veganos. Comidas cocinadas en casa, con tiempo y amor, y hasta arriba de fibra, vitaminas… ¡y además de aspecto suculento! Ahí comencé a hacerme más preguntas: ¿Cómo podía ser que ellas, que tenían bebés pequeñitos, sacaran el tiempo para cocinar esos manjares? ¿Y yo, con dos niños más mayores y claramente más tiempo disponible, no fuera capaz de comer ni la mitad de bien? (Por no decir que, en comparación, comía fatal…)

 

Así que, un buen día, decidí que no comería más carne ni pescado. Pero no por la carne ni el pescado en sí, que no eran ya santo de mi devoción, pero todavía había platos a los que no les hacía ascos (los berberechos, el pescado rebozado, los libritos...), sino como una forma de “obligarme” a vigilar mi alimentación; para asegurarme de que no me faltaran nutrientes. Y eso hice. Pedí hora con una nutricionista, que me aclaró varios puntos (algunos ya los había aprendido después de leer “Vegetarianos Con Ciencia”, de Lucía Martínez):

  • Necesitaba suplementarme con vitamina B12, y si me hiciera vegana (según ella, suele ser el siguiente paso en los vegetarianos), con yodo, también.
  • Si no me gustaban, no hacía falta que comiera tofu, ni seitán, ni quinoa, ni aceite de coco, ni ningún alimento de ésos que están tan de moda, pero que nunca han formado parte de nuestra alimentación mediterránea (al ser traídos de todos los confines de la tierra, algunos de ellos son poco ecológicos/sostenibles… y encima, de muchos de ellos tenemos productos equivalentes en calidad nutricional a la vuelta de la esquina).
  • Tampoco era necesario que comiera todos días legumbres. ¡Aleluya! ¡Gran alivio! Podía consumirlas todo lo que quisiera, puesto que no hay límite máximo, pero tampoco hay mínimo. Como por aquel entonces solo comía garbanzos en forma de hummus, cacahuetes (también es legumbre) y judía verde, me pareció una buenísima noticia. ¡No tendría que esforzarme en comer alimentos como si fueran medicinas!
  • Me recomendó también que tuviera en casa pocos o ningún alimento procesado: todo “fait maison”, mirando bien la procedencia de los alimentos y cocinado con amor –como ya hacían las mamis del grupo, esas heroínas.
  • Tenía que reducir drásticamente mi ingesta de azúcar diaria. Eso ha sido (y sigue siendo) mi talón de aquiles. Admito que me ha costado muchísimo más “desengancharme” del azúcar refinado y la bollería en general, que dejar de comer carne y pescado. Aunque eso, como todo, va a personas (hay quien no se imagina una vida sin su bocata de lomo con queso...)
  • Al final y resumiendo: mi alimentación simplemente se basa en el consumo de productos no ultraprocesados: verduras, frutas, legumbres, cereales integrales, frutos secos y semillas. Ha resultado no ser tan difícil, incluso para una rubia como yo. Requiere planificación, eso sí (igual que una dieta omnívora bien equilibrada), pero no hace falta ser un cerebrito ni haber participado en Master Chef. Si yo puedo, todo el mundo puede. Palabrita de niño Jesús. Además, he encontrado un par de libros de cocina vegana que me han ayudado en los inicios (yo soy más de libro de recetas en papel que de web, he de confesar). Son “Mis recetas vegetarianas”, de Alba Juanola, y “Las delicias de Ella”, de Ella Woodward (si de este último no tenemos en cuenta las pautas nutricionales, ni los textos relativos a los superalimentos, los alimentos que curan, etc., nos queda un libro de recetas muy ricas y sencillas de preparar).

Resumiendo, aquí tenéis el primer motivo que puede servir a alguien para pasarse al vegetarianismo: el comer mejor. No porque no se pueda ser omnívoro y comer bien, que evidentemente poderse, se puede. Sino porque, si te pasa como a mí y estás casi segura de que no estás siguiendo el plato nutricional (o de que tu alimentación está lejos de ser equilibrada y está más cerca de lo que comería un norteamericano medio), quizá te pase como a mí y ser vegetariano te obligue a mirar de otra forma lo que llevas a tu boca y decidirte, por fin, a poner orden y concierto en tu alimentación. De una vez por todas.

Y después todavía aprendí más cosas...

El siguiente motivo que descubrí, pocos meses después de haber tomado ya la decisión, fue ecológico. No tenía ni idea de que la producción de carne, tal como está planteada actualmente,  fuera tan tremendamente nociva para nuestro pequeño planeta azul, pero lo cierto es que así es. Por no hablar del consumo desmesurado de pescado y marisco, que está vaciando nuestros mares. Aquí, aquí y aquí tenéis más información al respecto. Por lo visto, si la forma de crianza de animales fuera la de antaño, con pocos animales pastando en extensiones de campo considerables, con su comida creciendo del suelo, relacionándose entre ellos, etc., el impacto medioambiental no solo no sería ya negativo, sino que pasaría a ser positivo. 

El último aspecto al que llegué es el ético o moral. Es éste un tema que en ningún momento me ha llamado la atención. Siempre hemos comido animales y, enfin, el paso previo es inevitable –matarlos. Pero la pregunta que me planteo ahora es si los animales merecen, simplemente porque nosotros lo hemos decidido, no solo que se les traiga al mundo para acabar siendo carne de Whopper, sino vivir sus vidas en unas condiciones deplorables como las de las imágenes que, día sí, día también, podemos ver en las redes sociales (solo tenéis que hacer una búsqueda en Google por “ganadería moderna” y entenderéis de qué os estoy hablando). 

Lo cierto es que jamás de los jamases permitiríamos que una mascota nuestra, perro, gato, cobaya, viviera en las condiciones en las que lo hacen los animales con los que nos alimentamos, ¿cierto? Igualmente, tampoco nos comeríamos a nuestras mascotas –cuando son animales igual, algunas de ellas consideradas comestibles en muchas culturas…

Para acabar ya...

Con estas reflexiones solo quiero haceros llegar mi proceso personal. Cuál ha sido mi camino hasta encontrarme en este punto, en el que como (por fin) bien: variado, rico y sano. Además, de rebote, mi familia se alimenta también mil veces mejor que hace un año. ¿Qué más se puede pedir?

 

Por supuesto, no es mi idea convencer a nadie, sino más bien echar un poquito de agua en esa semillita que puede estar ya germinando en ti, o en ti, y dar un último empujoncito para tomar la decisión final de pasarte al vegetarianismo, o quizá de consumir menos proteína animal y más vegetal (poquita cosa, ¿no?).

PS: Desde aquí mis más humildes disculpas a mi amiga Sarita. Ella lleva enviándome vídeos y artículos acerca del vegetarianismo y el veganismo desde tiempos inmemoriales, sin éxito alguno. Veía a todos esos conferenciantes como yoguinis locos (ella es profesora de yoga) y peligrosos. Y aunque tuvieran razón, si eliminábamos de nuestra dieta todos los alimentos que ellos consideraban nocivos o inmorales, ¿qué nos iba a quedar? ¿volver a las raíces y las semillas?

Así que sí: lo siento, Sarita. Lamento no haber mostrado jamás el más mínimo interés en tus amorosas intenciones.

Y ya que estoy: gracias por quererme, a pesar de mis grandes y mis de pequeños defectos.

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Personal sanitario: A veces apoyo... A veces obstáculo

A raíz de la entrada anterior, donde intentábamos plasmar algunas pautas que ayudaran a instaurar la lactancia materna con el mínimo de problemas y sobresaltos posibles, surgió un comentario revelador de una mamá del grupo. Apuntaba que, a menudo, las lactancias se ven abocadas al fracaso por el desconocimiento de algún médico / pediatra / enfermero / comadrona / ginecólogo. Con frecuencia, estos profesionales nos traspasan, con un aplomo digno del más prestigioso de los científicos versados en el tema, opiniones o instrucciones que ponen en peligro la lactancia materna (por obsoletos y alejados de las recomendaciones actuales al respecto).

Quiero añadir que, por supuesto, son también muchas las madres que nos relatan experiencias maravillosas, de profesionales que se reciclan, competentes y eficientes como las copas de un pinar entero. Pero, evidentemente, éstos no son los que nos preocupan. Nos preocupan "los otros". Los que afirman con seguridad argumentos que no se sostienen, o que hace años que han cambiado.

En nuestro humilde afán de cambiar el mundo, te traemos algunas de las frases que más probablemente podrás escuchar de boca de estos profesionales, y junto a ellas las "correcciones", según las recomendaciones actuales de las organizaciones nacionales e internacionales de salud, o los últimos estudios sobre el tema.

No tiene frenillo. (¡Qué va!)

- "No tiene frenillo. Si tienes grietas, ponte pezoneras. Y simplemente dale biberón antes del pecho para que no te agarre con hambre (porque este niño pasa hambre y para qué sufrir los dos)". Otro lugar, misma situación: "¿De verdad no tiene frenillo? - "No, claro que no. Sino no podría mamar con la pezonera."

Es ésta una situación que, como ya explicamos en una entrada dedicada enteramente al frenillo sublingual, nos tiene ojipláticas a Esther y a mí. Nadie ve frenillos cortos. Nadie recomienda cortarlos. No. Mejor añadamos el dolor a otra de las neuras de la madre, y ¡hala! a suplementar alegremente con leche de fórmula. Para qué buscar más, ¡si el bebé está bien y su único problema es que pasa hambre! ¡O que duele la lactancia! Insignificancias...

Uy, este niño... ¡Va justito!

- " Va justito de peso, mamá. Mejor suplementamos".

Este comentario es ya un clásico en las reuniones del grupo. La reacción automática de la mamá es asustarse, porque eso de ir "justito" suena peligroso. ¿Qué quiere decir que va justito de peso? ¿Que está pasando hambre? ¿Que muestra signos de desnutrición? ¿Vamos a tener que ingresarlo?

Aquí las posibilidades pueden ser dos. Una, y que no es la que corresponde a este caso concreto: que realmente el bebé no esté ganando peso como debería (esto es sobre todo preocupante durante las primeras semanas de vida). De ser así, se debe suplementar con jeringuilla o cucharita a demanda, a poder ser con la leche que la madre vaya extrayéndose con el sacaleches, y si hace falta con leche artificial, hasta que la curva vuelva a tener la forma correcta, en su progresión normal.

El otro contexto, lamentablemente bastante frecuente, es cuando el bebé se encuentra en un percentil bajito (pongamos entre el 3 y el 15, por ejemplo) y el médico "interpreta" que va justo de peso. ¿Pero en realidad, qué significa que tu bebé esté en el percentil 10, digamos? Pues nada más y nada menos que el 10% de los bebés pesan menos que él, y el 90% (sí, lo adivinaste) pesa más que él. Es una comparativa que sitúa a tu pequeño o pequeña en un punto, entre el resto de bebés de la misma edad. Una referencia, que servirá al médico para "detectar rápidamente y prevenir problemas graves en el crecimiento (desnutrición, sobrepeso y obesidad) de los niños y niñas". Y lo que hemos de vigilar es la tendencia, no el lugar exacto por el que la curva haga su caminito (si es más arriba, más abajo, por encima o muy por debajo del percentil 50, es indiferente). Sabiendo ahora esto, ¿te parece preocupante que tu bebé esté en el percentil 3? No, ¿verdad? Porque no lo es. Si pesáramos a sus padres, seguramente alguno de los dos rondaría también ese percentil entre sus iguales adultos. ¿Hay que suplementar? Evidentemente, no.

¡Pero si tú no tienes leche!

Otro buen consejo para las mamás que comienzan con la lactancia materna (insertar aquí cara de póker): "Suplementa con biberón, porque no tienes leche." O: "¿Bebes mínimo cuatro litros de agua al día? - No... -Ah. Pues por eso no tienes leche..." A ver... puede ser que no tengas leche. No digo que no. Pero es raro. Muy, muy raro. Mucho más de lo que muchos médicos nos quieren hacer creer. Pero lo que no puede ser es que tu leche sea agua. Vaya, que todavía no se sabe de ningún mamífero que produzca otro alimento que no sea leche materna. Lo digo por aquel otro doctor o doctora que le soltó lo siguiente a otra mami del grupo: -"Este niño no tiene cólicos; tiene hambre. Si queréis descansar, dadle bibe, porque con tu leche no se sacia. Solo te utiliza de chupete."  Claro, la leche de esa mami era diferente. Semi, probablemente... 

En el caso de la falta de leche, el trastorno se llama hipogalactia, y en muchos casos, hasta se puede tratar. Tenéis un artículo sobre el tema aquí, y aquí otro, que tomé del primero. Es decir, que podemos afirmar que casi, casi todas tenemos leche suficiente para nuestros bebés. Y que la calidad de esa leche es la perfecta para cubrir las necesidades de nuestros bebés.

Punto final. 

A demanda, claro: Cada 3 horas, 15 minutos

- "Dale el pecho a demanda; quince minutos en cada pecho, cada tres horas. Porque si le das todo el rato el pecho no le da tiempo a digerir, tiene constantemente el estómago lleno y no descansa." La guinda del pastel: "Has de despertarle. La teta es cada tres horas... ¡día y noche!"  Es cierto que poco a poco vamos dejando de escuchar este consejo, pero todavía nos sobresalta oírlo de vez en cuando. Primero, por ilógico. ¿En qué quedamos? ¿Es a demanda o cada tres horas? ¡Las dos cosas no pueden ser! Segundo, por falso. Un bebé ha de comer cuando tiene hambre, el tiempo que desee de un pecho, y cuando se aparta se le ofrece el otro, para que lo coja... o no. Sin que estemos pendientes de ningún reloj, ni esperemos a que llore de hambre. Solo él o ella sabe cuánto necesita comer en cada momento. ¡Igualito que nosotros, vaya! Con la particularidad que el pecho a demanda permite que el bebé regule perfectamente su ingesta de proteínas, agua, lactosa, etc., en cada toma. Aquí un artículo divertido de los orígenes de esta absurda recomendación., por el pediatra Carlos González.

La lactancia siempre da problemas. Es así. Te aguantas.

- "Si le das pecho, ¿qué quieres? Vas a tener problemas con la lactancia. O le quitas el pecho, o te aguantas." El ginecólogo que soltó esta perlita seguramente sería colegui de aquel otro que dijo que "has de sentir como agujas en el pezón. Si las sientes, ¡es bueno!". O de aquel otro que, en la misma línea, afirmaba: "Nunca te va a dejar de doler; un cierto grado de dolor es normal". Aunque la palma se la lleva el que dijo a una de las mamis del grupo: "Tienes el pecho demasiado sensible"... cuando en realidad lo que ella tenía eran grietas, heridas, perlas de leche, mastitis subclínica, síndrome de Reynaud... y el pequeño un frenillo sublingual corto. Vaya, que acertó de pleno...

Desmontemos la leyenda urbana: Dar el pecho no ha de doler. Y si duele desde el principio, mucho, y no tienes inflamación, rojez, calentura en el pecho o fiebre, ven a vernos por si es un caso de frenillo o de agarre incorrecto, o ve a tu médico y pídele que haga un cultivo de tu leche para descartar mastitis subclínicas (que no se ven, pero sí se notan). 

Los primeros días, con la subida de la leche, es posible que notes dolor. Tampoco les pasa a todas las mamis, pero a algunas sí. Y también es posible que las primeras veces que des el pecho ese escozor te moleste un poco. Pero tiene que ir mitigándose con el tiempo, no persisitir ni incrementarse. Y si no es así, nos llamas inmediatamente

Inmediatamente, ¿ok?

A los seis meses--- ¡La revolución!

-"A partir de los seis mesesn quítale tomas para darle papillas." O "A partir de los seis meses tu leche ya no alimenta; es solo agua con lactosa."  Pues no. Va ser que no es así la cosa. Sí es cierto que poco a poco va a ir probando los alimentos que se le ofrecen en casa, claro. Siguiendo unas pautas que podéis leer aquí y en el blog de Esther, Bebé a la Mesa. Pero todavía seguirá siendo la leche materna la base de su alimentación. Y lo será hasta que cumpla el año. Mirad lo que dice Carlos González: "la leche materna sigue siendo el principal alimento hasta el año de vida y lo único que requiere es un poco de complementación por el tema del hierro y el zinc. De hecho, si una mujer quisiera hacerlo, podría dar pecho de manera exclusiva hasta los dos años suplementando con unas gotitas de hierro y zinc y el niño estaría perfectamente sano. Otra cosa sería que el niño quisiera seguir así, porque lo más probable es que se “tirara” a la comida irremediablemente." Y si te siguen dando la lata con el tema, les puedes responder esto: "El pecho se da porque te gusta darlo. Si no te gusta, no lo des, y si te gusta, ¿qué más dará que el niño tenga seis meses, que no los tenga, que le hayan pasado las defensas o que no le hayan pasado?"

Enfin. Con esta entrada creemos haber resumido someramente el aluvión de comentarios que llegó a nuestro grupo de Whatsapp explicando experiencias frustrantes en las consultas de pediatras y ginecólogos. Si queréis más, he encontrado otro artículo al respecto. Es éste. Se repiten algunos de los argumentos que hemos planteado aquí... más alguno nuevo que seguramente también os suene...

Hasta que esto cambie, estaremos aquí, intentando paliar la sensación de impotencia y soledad de muchas madres, que en un gesto de plena confianza en los doctores que las acompañan a ellas y a sus bebés, encuentran más obstáculos para sus lactancias, que ayuda.

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"Ya lo he decidido: Dejo de dar el pecho" (O por qué a veces abandonamos antes de empezar)

Nadie dijo que las lactancias fueran todas fáciles ni placenteras desde el primer minuto. Desde luego, como decimos siempre, algunas hay. Lógicamente, no son las que vemos en el grupo de apoyo, pero ahí fuera hay mamás a las que el pequeño se les agarra perfectamente desde la primera toma, y así hasta que se desteta. Pim, pam, pum. Ahora bien... coincidiréis conmigo, vosotras que sí habéis sufrido algún contratiempo, en que parte del problema radica en lo habitual que es que lleguemos al parto con la idea preconcebida de que dar el pecho es tan natural como comer (hasta aquí todo correcto) y que como tal es un acto instintivo y no precisa de ningún aprendizaje por parte de la mamá, y aun menos del bebé. Y claro, siguiendo este razonamiento, los fracasos que oímos por ahí tienen su explicación en la falta de leche de la madre o en alguna particularidad no definida del bebé

Y ya tenemos servidas la frustración, el desamparo, las dudas, la decepción y todos los problemas que surgen a raíz de esta idea de base. Por ello, pienso que parte del programa de preparación al parto que se ofrece en los centros de asistencia médica debería dedicarse precisamente a explicar este tema: cómo prepararse para dar el pecho.

Pero como ese contenido no existe, voy a intentar resumir los puntos básicos que, leídos a tiempo, espero ayuden a alguien a saltarse este primer obstáculo con gracia, esmero, alegría, cariño y sobre todo, gran flexibilidad (mental).

1. Infórmate, infórmate, infórmate... y vuélvete a informar

Empezamos por el principio. Estás embarazada de 37 semanas o más, tienes o no alguna molestia, tus días son placenteros y largos (si estás de baja y no tienes uno mayor, se sobrentiende). Es el momento perfecto para coger al toro por los cuernos. Lee. Lee todo lo que puedas acerca de la lactancia materna. Mi recomendación es que te acerques a tu biblioteca de siempre y pidas "Un regalo para toda la vida", de Carlos González. ¡Y que te lo leas, claro! Si no te gusta leer, puedes ir buscando sus vídeos en YouTube y sentarte tranquilamente a ver uno cada noche. Aunque te aseguro que los libros de este pediatra especializado en lactancia materna son de lo más amenos y divertidos... por extraño que parezca. 

Llegar al postparto bien informada puede salvar una lactancia. O por lo menos darte las herramientas necesarias para insistir, buscar soluciones alternativas y no dejar que el primer viento en contra consiga que salga de tu boca la frase que encabeza este artículo. Vale la pena intentarlo, ¿no?

2. Ven a conocernos

Este paso es optativo, pero yo te recomiendo que acudas a un grupo de lactancia a partir de las últimas semanas de embarazo. En nuestra experiencia, es bueno poner caras a éstas que estamos aquí más que dispuestas a ayudarte si las cosas se tuercen. ¡Y es que Esther y yo somos lo más! Además, tendrás la posibilidad de ver dar el pecho en vivo y en directo, con lo que podremos explicarte con ejemplos prácticos cómo colocar perfectamente al bebé para que no te haga heridas en los pezones y alcance a extraer toda la leche que necesita. También te llevarás las experiencias de las otras mamis y, espero, las ganas de volver porque somos un grupo ¡súper majo!

Aquí querría hacer un inciso dedicado a todas esas madres primerizas que son como era yo: desconfiadas. En mi caso, porque pensaba que lo sabía ya todo y que en un grupo de lactancia solo iba a encontrarme locas radicales de la lactancia materna, que siempre me aconsejarían dar el pecho, en cualquier circunstancia. Creo que es bueno que vengas precisamente por eso. Porque te darás cuenta de que hay tantas experiencias distintas de la maternidad y la lactancia que es imposible saberlo todo, y que somos un grupo de lo más relajado. Nuestra filosofía, además de incluir el ayudar a toda aquella mami que haya decidido dar el pecho y tenga problemas para hacerlo, se basa en la premisa de que tanto tú como tu bebé tenéis de estar mentalmente bien. Fuertes. Contentos. En forma. Y para ello es necesaria una cierta dosis de flexibilidad. Comprender que hay momentos en que hay que tirar de lactancia mixta. Y otros, extremos, en que se impone una lactancia artificial. Y no pasa nada.

3. ¡El bebé está aquí ya! Llámanos

Puede ser que estés en el hospital, con tu bebito, y comiencen a dolerte los pechos o los pezones. Puede ser que te hayan dicho que tienes grietas y ya te hayan ofrecido unas pezoneras que habrán aliviado, o no, tu dolor. Puede ser que tu bebé se pase el día llorando y parezca que no se sacia nunca al pecho, ni siquiera después del tercer o cuarto día, cuando se supone que ya el calostro ha dado paso a la leche materna, mucho más calórica. Puede ser que no entiendas por qué tu bebé se enfada cada vez que le das de mamar. Puede que no esté recuperando el peso con el que nació y los médicos hayan decidido alargar vuestra estancia en el hospital hasta que le vean subir de peso. Cualquier circunstancia que te parezca preocupante es suficiente para llamarnos. Llámanos. Escríbenos un WhatsApp. No temas molestar, porque estamos aquí para ti. Y lo último que querríamos sería que, por vergüenza o discreción, dejaras pasar los días, el problema empeorara hasta no tener solución y acabaras tirando la toalla. Y como no queremos eso (¡la mera idea nos causa pesadillas muchas noches!) solo podemos pedirte, una y otra vez, y de rodillas si es necesario: Llámanos. Ponte en contacto con nosotras. Pide ayuda.

Estamos aquí para ti y para tu bebé. Para ayudaros a saltar este primer obstáculo con gracia, esmero, alegría, cariño y sobre todo, gran flexibilidad (mental), ¿recuerdas? Así que no temas molestar, porque no molestas. Nunca. ¿Ok? Nunca.

4. Pásate por el grupo

Vamos a partir del supuesto de que tu lactancia ha comenzado con dificultad, que nos has llamado (desde el hospital o desde casa) porque tenías toda la información a tu alcance y sabes cuán importante es atajar los problemas de raíz, que hemos solucionado el problema entre todas y que más o menos tienes tu lactancia encauzada y ves la luz al final del túnel. Tus heridas están cicatrizando, te sientes un pelín más fuerte. Es el momento de acudir a un grupo de lactancia. No hace falta que sea el nuestro, porque sé que nos leen mamis de muchos rincones, pero es muy probable que cerca de donde vives exista uno. Ves. Acude. Ellas te ayudarán con todas esas dudas, grandes y pequeñas, que te irán surgiendo durante los primeros meses. Y más que las asesoras, las otras mamis del grupo, que te servirán de guía y de soporte en los momentos difíciles, te darán ánimos y te harán seguramente plantearte preguntas en las que ni siquiera habías pensado. Es un pozo sin fondo de experiencias, cariño, aceptación y conocimientos prácticos y teóricos, a tu alcance. ¡Aprovéchate!

 

Yo creo que si sigues estas indicaciones, tienes muchos, muchos números de poder instaurar una lactancia materna exitosa y placentera para los dos.

 

¡Ya me contarás!

 

Nos vemos el miércoles que viene, con el taller de psicomotricidad de Patricia, no lo olvides.

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Del Carnaval en el grupo, de Míriam Tirado en directo y del Día de la Mujer

Mamis, tendréis que perdonarme. Acabo de darme cuenta de que la última entrada data de antes de vacaciones de Navidad. ¡Madre mía! ¡Qué relax

Desde entonces han pasado muchas cosas...

Hemos atendido a algunas mamis nuevas, hemos intentado resolver algunos problemillas de lactancia, hemos propuesto bastantes, bastantes talleres, festejamos Carnaval a nuestra manera, Esther una mañana nos trajo galletitas ricas (¡pecado nutricional!), participamos en la Festa de la Dona que el Ayuntamiento de Sant Joan Despí organizó el domingo 4 de marzo en la plaza de la ermita... y seguimos organizando talleres e intentando ayudar a mamis. Esto último siempre, ¡hasta que ya no hagamos falta! 

En este lapso de tiempo, nuestro grupo de WhatsApp ha alcanzado los 100 miembros (¿o debería decir las cien miembras?), y subiendo. Es el espacio perfecto para plantear pequeñas y grandes dudas de todo tipo, de forma que el grupo se convierte, más o menos, en un rincón del mercado donde las mamis se paran para hablar de todo un poco: sobre lactancia sí, por supuesto, pero también de la familia, sobre temas relacionados con su desarrollo psicomotor (aquí contamos con la ayuda de Ester, que es fisioterapeuta, de consultas de porteo (para este apartado tenemos sobre todo a María sacándonos todas las castañas del fuego), de recetas de babyled weaning (aquí quien más interviene es Esther), de salud de bebés y mamás, etc.

Pero vamos a ir desgranando un poco cada cosa, porque estoy aquí sola y esto parece ya una olla de grillos -en mi cabeza, se entiende.


Nuestros héroes y heroínas de Carnaval

Así vinieron ellas y ellos ese miércoles carnavalero al grupo. Luciendo "cuquismo" (¿no os los comeríais a todos?), ganas de fiesta... e imaginación. 

Viendo estas imágenes me parece todavía más increíble ser poder ser tantas veces testigo del cambio que ha supuesto en multitud de maternidades y lactancias el acercarse al grupo o ponerse en contacto con nosotras. Con una asesoría básica que puede permitir la detección de frenillo sublingual corto o simplemente un mal agarre debido a una mala posición del bebé al mamar, los tándems mamá-bebé cambian su dinámica y en algunas semanas (a veces menos) la experiencia de ser mamá da un giro de 180 grados.

También es cierto que otras veces no hay nada que podamos hacer y las lactancias se pierden. Pero, como decimos tan a menudo, tenemos la suerte de vivir en el primer mundo, el de los recursos y las leches artificiales estrictamente controladas por unas Autoridades Sanitarias (en este campo) competentes. Así que, de una forma u otra, todos los finales suelen ser felices.


Los "tips" y el sentido común de Míriam Tirado

He de confesar que antes de organizar esta charla, no conocía a Míriam Tirado. Y que después de escuchar retazos de su charla sobre rabietas y límites no tengo ningún problema en admitir que soy su fan. Incondicional. 

¡Cuánto sentido, común y del humor, en una mujer tan pequeña! Pero así es. Ya lo comentábamos con la ponente previamente a su charla: En el bote pequeño está la buena confitura. Y éste viene a ser un caso que confirma la regla.

Míriam tocó muchos temas, que lamentablemente no puedo reproducir ni resumir porque, como dije, me perdí gran parte de la explicación. Pero hablando con las familias, diría que lo mejor fue que resolvió muchas dudas y que muchos padres y madres se fueron a casa más tranquilos y sabias de lo que llegaron. Con más herramientas para afrontar esta difícil edad que suele ir de los dos a los cinco años, y que a menudo nos lleva al límite de muchas cosas -la paciencia y la cordura, sobre todo.


8 de marzo, dia de la mujer

Sí, lo sé, es deplorable que todavía estemos a vueltas con este tema. Pero ahí seguimos, cobrando el 14% menos de lo que cobran ellos por realizar el mismo trabajo, haciendo cuatro horas de trabajos de la casa diarios (ellos hacen una; de media, se entiende... que esto de las estadísticas...).

Y suma y sigue.

Así que sí, de momento va a hacer falta seguir organizando eventos que muestren otras facetas de lo que somos las mujeres. Los caminos menos trillados, no relacionados con los sentimientos, el ser cuidadoras, delicadas y princesas. Sino más bien con nuestra faceta más gamberra, deportista, activa y exigente. Y que sigamos insistiendo para que la violencia de género se vea como lo que es: machismo en estado puro. Y que desaparezca, con todas las violencias, de una vez por todas.

Os dejo con algunas de las imágenes de esa mañana, en la que María hizo un mini taller de danza a la que se apuntaron un montón de mujeres con ganas de fiesta, y donde Esther ofreció un micro taller de babyled weaning gratuito, al que acudieron algunas familias.


Para acabar, recordaros rápidamente las siguientes fechas a anotar en la agenda:

 

  • 29 de marzo, charla sobre Psicomotricidad a cargo de Patricia, Osteópata. Es gratuita y se hace en el Centre Cívic Les Planes, de 10 a 12 h, paralelamente al grupo de lactancia (recordad que, haya o no charlas o talleres, Esther y/o yo estamos allí siempre para ayudar a las mamis que nos necesiten, o proporcionar un espacio donde charlar y compartir preocupaciones y experiencias).
  • 5 de abril, charla sobre Cómo adaptar tu casa, a cargo de Gemma, de Porteo Natural. Será también en el Centre Cívic Les Planes, de 10 a 12 h, al mismo tiempo que la reunión del grupo de lactancia. Las charlas de Gemma tienen un coste simbólico de 5 euros.
  • 19 de abril, charla sobre Mamás emprendedoras. Tugba nos mostrará, a través de su propia experiencia, cómo trabajar para una compañía alemana de salud y belleza le ha permitido conciliar familia y profesión. Interesante para todas aquéllas que esteis pensando en dar un vuelco a vuestra vida laboral para ajustarla mejor a vuestra nueva vida de familia.
  • 28 de abril, pequeño taller de Primeros Auxilios, a cargo de Jordi, enfermero en Molins de Rei. Será de 10 a 11:30 h en el local donde se reúne el grupo los miércoles, en el Centre Cívic Les Planes. El coste de la charla, que es de 50 euros, se repartirá entre todas las asistentes.

¡Nos vemos este miércoles, mamis!

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