Esas mamis loquitas (I): La neura del bebé enfermo

Quería comenzar una nueva serie llamada algo así como... "Desmontando mitos". Cada entrada iba a destinarla a destrozar sin piedad ideas preconcebidas que (cuesta creer, pero sí) todavía escuchamos a menudo a nuestro alrededor. ¡Muy a menudo! La primera entrada iba a titularse: "Tu leche no alimenta. Dale ya un biberón, que este crío pasa hambre". Y luego iba a publicar unas cuantas más, a ver si poco a poco caen todos estos prejuicios obsoletos. 

Pero resultó que el viernes pasado, durante la reunión del grupo, se habló de otra cosa. Hablamos de nuestras muchas neuras como mamis. Las que nos hacen sufrir y nos impiden, en ocasiones, gozar de la maternidad como ésta merece. Y como hace tiempo que pienso que debería escribirse un libro que combinara las pautas que propone la psicología cognitiva de Rafael Santandreu, con el sentido común y los conocimientos en pediatría y crianza de Carlos González, y nadie lo hace... ¡pues voy a hacerlo yo misma! Creo que si todas las mamis pudiéramos tener en mente una combinación de las conclusiones a las que han llegado ambos autores, todo sería más fácil.

La psicología cognitiva se sustenta en una base súper interesante, que es la siguiente: sentimos en función de lo que pensamos. ¡Y no de lo que nos sucede! ¿Qué significa eso a nivel práctico? Pues que ahí tenemos la respuesta a por qué a una mami le supone un placer y un privilegio disfrutar de seis meses de baja, y en cambio a otra se le caerá la casa (y la maternidad) encima. La diferencia radica en lo que los psicólogos cognitivos llaman el "diálogo interno". Es decir, lo que nos decimos a nosotros mismos. La primera mamá mantendrá diálogos del tipo: "¡Pero qué suerte tengo! Poder disfrutar de mi peque, ir a yoga con bebés, salir con las amigas, no tener horarios... a pesar de lo duro que es el cambio y lo difícil que me está resultando instaurar la lactancia ¡esta baja se me va a hacer cortísima!". Mientras que la segunda se dirá cosas como: "¡Qué horror! ¡No soporto ni un día más de estar en casa, sin hacer nada! No tengo tiempo ni para ir al baño, y encima nadie me lo agradece. No como en la oficina, donde todo el mundo valoraba mi trabajo. ¡Y todavía me quedan tres meses!." ¿Veis la diferencia? ¿Y os dais cuenta de que la situación es exactamente la misma? Ahí radica el quid de la cuestión. Y la buena noticia es que el diálogo interno se puede modificar. Es decir, que la segunda mamá puede aprender a racionalizar y dejar de ver como "terrible" una situación que, en realidad, no lo es. Para ello hay varias herramientas, que iremos desgranando en próximas entradas.

Una de las neuras más recurrentes (y que primero aparecen) está relacionada con la salud de nuestro pequeño. Pensamos que va a caer enfermo, y cada estornudo es un síntoma. Cada llanto un aviso. Nos ponemos, irremediablemente, en la peor de las situaciones. Para paliar la ansiedad que provoca este pensamiento irracional funciona maravillosamente el compartir experiencias con otras mamás. Hablar de lo que les pasa a unos y otros bebés, de cómo se solucionaron problemas muy similares, nos quita un gran peso de encima, muchísimas veces ahorrándonos hasta el tener que acudir al pediatra o a urgencias. Es decir, una sólida red social nos ayuda, nos guía, nos reconforta, corta en seco nuestros pensamientos neuróticos y nos permite relativizar. Utilicémosla. Y si no la tenemos todavía, busquémosla.

Otra forma de desactivar los pensamientos irracionales: con el ejemplo de la neura de la salud del bebé, la psicología cognitiva nos propondría "reencauzar" nuestro diálogo interno, el que nos está angustiando (y que probablemente será del tipo: "¡Seguro que lo que tiene es una enfermedad rara incurable! ¡Tendré que ingresarlo en el hospital, y me van a decir que ni siquiera es seguro que salga de ésta con vida! ¡Es terrible!") y cambiarlo por otro más racional. Para ello, podemos basarnos en la estadística (¿qué probabilidades hay realmente de que suceda eso que tanto temo? ¡Poquísimas!).

O explicarnos a nosotras mismas, paciente y amorosamente, que aunque estuviera realmente muy enfermo, seguirían habiendo poquísimas probabilidades de que la medicina moderna no pudiera hacer nada por él. De esta forma, argumento tras argumento (eso sí, tenemos que creerlos profundamente), vamos a ir modificando el discurso inicial, hasta acabar desmontándolo completamente. Y ¡sorpresa! descubriremos que el nuevo diálogo tiene la virtud de relajarnos...

El mismo ejercicio, repetido una vez tras otra, cada vez que la angustia o las emociones exageradas nos atenacen, conseguirá que nos tomemos las cosas con mayor calma y alegría. Y, de paso, redundará en que seremos más resolutivos y eficaces a la hora de buscar y encontrar soluciones... Si la familia se hace pesada: "Mucha gente tiene familiares más pesados que los míos, y son felices. Yo también puedo serlo. Mi felicidad no depende de que se comporten correctamente durante sus visitas o no". Si la lactancia no funciona: "Mi hijo me va a querer igualmente, le dé el pecho o el biberón. Me hubiera encantado darle el pecho, pero si no puede ser, seguiré siendo feliz ofreciéndole el bibe". 

Volveremos a ello, pero básicamente hemos de aprender a rebatir todos los argumentos irracionales y neuróticos con otros más realistas. Se trata de un trabajo de fondo, ¡como una maratón!. Hay que comenzar convencidos y no dejar de entrenar, porque sino, la antigua forma de pensar regresa rápidamente. La perseverancia es clave.

... Y pasando a otra cosa

El 20 de marzo pasado participamos en la cuarta edición de Tetarte, y fue una experiencia preciosa. Inmortalizar a esas mamis dando el pecho fue bellísimo. ¡Y ver nuestra foto entre todas esas imágenes de mamás amamantando en 30 ciudades del mundo... también! Desde aquí, mi agradecimiento a María, eterno motor de todas estas ideas geniales y locas, y a todas las que os acercasteis (a pesar del día nublado y a ratos lluvioso).

Por último, celebrar que Esther ya es oficialmente nuestra tercera asesora de lactancia en el grupo (¡oeeee!). Pronto incluiremos sus datos en la web, para que podáis también acudir a ella cuando la necesitéis.

Por cierto... Esther inauguró hace poquito un blog dedicado a la alimentación infantil (ella es nutricionista -pero de las de verdad, ¿eh?). Clicad aquí si queréis saber más sobre el babyled weaning o tenéis dudas sobre la primera alimentación de vuestros pequeños amores.

Además, Sandra estuvo también el otro día visitándonos: ella está estudiando online para ser asesora también, y tiene previsto mudarse próximamente a Cornellà... con lo que es posible que próximamente seamos cuatro asesoras. ¡Cuatro! ¡Imposible dar mejor servicio! No vamos a faltar ni un solo viernes a nuestra cita, con tantas como vamos a ser.  

¡Nos vemos el viernes!

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