"Ya lo he decidido: Dejo de dar el pecho" (O por qué a veces abandonamos antes de empezar)

Nadie dijo que las lactancias fueran todas fáciles ni placenteras desde el primer minuto. Desde luego, como decimos siempre, algunas hay. Lógicamente, no son las que vemos en el grupo de apoyo, pero ahí fuera hay mamás a las que el pequeño se les agarra perfectamente desde la primera toma, y así hasta que se desteta. Pim, pam, pum. Ahora bien... coincidiréis conmigo, vosotras que sí habéis sufrido algún contratiempo, en que parte del problema radica en lo habitual que es que lleguemos al parto con la idea preconcebida de que dar el pecho es tan natural como comer (hasta aquí todo correcto) y que como tal es un acto instintivo y no precisa de ningún aprendizaje por parte de la mamá, y aun menos del bebé. Y claro, siguiendo este razonamiento, los fracasos que oímos por ahí tienen su explicación en la falta de leche de la madre o en alguna particularidad no definida del bebé

Y ya tenemos servidas la frustración, el desamparo, las dudas, la decepción y todos los problemas que surgen a raíz de esta idea de base. Por ello, pienso que parte del programa de preparación al parto que se ofrece en los centros de asistencia médica debería dedicarse precisamente a explicar este tema: cómo prepararse para dar el pecho.

Pero como ese contenido no existe, voy a intentar resumir los puntos básicos que, leídos a tiempo, espero ayuden a alguien a saltarse este primer obstáculo con gracia, esmero, alegría, cariño y sobre todo, gran flexibilidad (mental).

1. Infórmate, infórmate, infórmate... y vuélvete a informar

Empezamos por el principio. Estás embarazada de 37 semanas o más, tienes o no alguna molestia, tus días son placenteros y largos (si estás de baja y no tienes uno mayor, se sobrentiende). Es el momento perfecto para coger al toro por los cuernos. Lee. Lee todo lo que puedas acerca de la lactancia materna. Mi recomendación es que te acerques a tu biblioteca de siempre y pidas "Un regalo para toda la vida", de Carlos González. ¡Y que te lo leas, claro! Si no te gusta leer, puedes ir buscando sus vídeos en YouTube y sentarte tranquilamente a ver uno cada noche. Aunque te aseguro que los libros de este pediatra especializado en lactancia materna son de lo más amenos y divertidos... por extraño que parezca. 

Llegar al postparto bien informada puede salvar una lactancia. O por lo menos darte las herramientas necesarias para insistir, buscar soluciones alternativas y no dejar que el primer viento en contra consiga que salga de tu boca la frase que encabeza este artículo. Vale la pena intentarlo, ¿no?

2. Ven a conocernos

Este paso es optativo, pero yo te recomiendo que acudas a un grupo de lactancia a partir de las últimas semanas de embarazo. En nuestra experiencia, es bueno poner caras a éstas que estamos aquí más que dispuestas a ayudarte si las cosas se tuercen. ¡Y es que Esther y yo somos lo más! Además, tendrás la posibilidad de ver dar el pecho en vivo y en directo, con lo que podremos explicarte con ejemplos prácticos cómo colocar perfectamente al bebé para que no te haga heridas en los pezones y alcance a extraer toda la leche que necesita. También te llevarás las experiencias de las otras mamis y, espero, las ganas de volver porque somos un grupo ¡súper majo!

Aquí querría hacer un inciso dedicado a todas esas madres primerizas que son como era yo: desconfiadas. En mi caso, porque pensaba que lo sabía ya todo y que en un grupo de lactancia solo iba a encontrarme locas radicales de la lactancia materna, que siempre me aconsejarían dar el pecho, en cualquier circunstancia. Creo que es bueno que vengas precisamente por eso. Porque te darás cuenta de que hay tantas experiencias distintas de la maternidad y la lactancia que es imposible saberlo todo, y que somos un grupo de lo más relajado. Nuestra filosofía, además de incluir el ayudar a toda aquella mami que haya decidido dar el pecho y tenga problemas para hacerlo, se basa en la premisa de que tanto tú como tu bebé tenéis de estar mentalmente bien. Fuertes. Contentos. En forma. Y para ello es necesaria una cierta dosis de flexibilidad. Comprender que hay momentos en que hay que tirar de lactancia mixta. Y otros, extremos, en que se impone una lactancia artificial. Y no pasa nada.

3. ¡El bebé está aquí ya! Llámanos

Puede ser que estés en el hospital, con tu bebito, y comiencen a dolerte los pechos o los pezones. Puede ser que te hayan dicho que tienes grietas y ya te hayan ofrecido unas pezoneras que habrán aliviado, o no, tu dolor. Puede ser que tu bebé se pase el día llorando y parezca que no se sacia nunca al pecho, ni siquiera después del tercer o cuarto día, cuando se supone que ya el calostro ha dado paso a la leche materna, mucho más calórica. Puede ser que no entiendas por qué tu bebé se enfada cada vez que le das de mamar. Puede que no esté recuperando el peso con el que nació y los médicos hayan decidido alargar vuestra estancia en el hospital hasta que le vean subir de peso. Cualquier circunstancia que te parezca preocupante es suficiente para llamarnos. Llámanos. Escríbenos un WhatsApp. No temas molestar, porque estamos aquí para ti. Y lo último que querríamos sería que, por vergüenza o discreción, dejaras pasar los días, el problema empeorara hasta no tener solución y acabaras tirando la toalla. Y como no queremos eso (¡la mera idea nos causa pesadillas muchas noches!) solo podemos pedirte, una y otra vez, y de rodillas si es necesario: Llámanos. Ponte en contacto con nosotras. Pide ayuda.

Estamos aquí para ti y para tu bebé. Para ayudaros a saltar este primer obstáculo con gracia, esmero, alegría, cariño y sobre todo, gran flexibilidad (mental), ¿recuerdas? Así que no temas molestar, porque no molestas. Nunca. ¿Ok? Nunca.

4. Pásate por el grupo

Vamos a partir del supuesto de que tu lactancia ha comenzado con dificultad, que nos has llamado (desde el hospital o desde casa) porque tenías toda la información a tu alcance y sabes cuán importante es atajar los problemas de raíz, que hemos solucionado el problema entre todas y que más o menos tienes tu lactancia encauzada y ves la luz al final del túnel. Tus heridas están cicatrizando, te sientes un pelín más fuerte. Es el momento de acudir a un grupo de lactancia. No hace falta que sea el nuestro, porque sé que nos leen mamis de muchos rincones, pero es muy probable que cerca de donde vives exista uno. Ves. Acude. Ellas te ayudarán con todas esas dudas, grandes y pequeñas, que te irán surgiendo durante los primeros meses. Y más que las asesoras, las otras mamis del grupo, que te servirán de guía y de soporte en los momentos difíciles, te darán ánimos y te harán seguramente plantearte preguntas en las que ni siquiera habías pensado. Es un pozo sin fondo de experiencias, cariño, aceptación y conocimientos prácticos y teóricos, a tu alcance. ¡Aprovéchate!

 

Yo creo que si sigues estas indicaciones, tienes muchos, muchos números de poder instaurar una lactancia materna exitosa y placentera para los dos.

 

¡Ya me contarás!

 

Nos vemos el miércoles que viene, con el taller de psicomotricidad de Patricia, no lo olvides.

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Comentarios: 2
  • #1

    Sarita (domingo, 26 marzo 2017 21:14)

    Y todas podemos ayudar.... si una amiga está embarazada podemos dejarle los libros que tanto nos ayudaron al principio e invitarla al grupo!

  • #2

    ana (domingo, 26 marzo 2017 22:17)

    exacto! :-) <3 toda ayuda es buena!