Y tú...

¿Te quieres lo suficiente?

Os voy a decir una cosa: Solo hay un apartado en esta web que esté "on fire", y no es precisamente el blog (pista: hay fechas en él). Así que vamos a ponerle remedio, que no será por temas en el tintero.

Por ejemplo, la superexigencia de las mamis. Yo la primera.

Básicamente lo que pretendemos al publicar esta entrada es haceros reflexionar sobre la importancia de ser empáticas y generosas... ¡con vosotras mismas! Porque, demasiado a menudo, somos el último mico en nuestra propia fiesta -es decir, en nuestra vida.

Y es que ¿os habéis fijado con cuánta frecuencia escuchamos a mamis autoinculparse? ¡Por todo!

  • Si el bebé come mucho: Esto no es normal y hay muchos números de que yo, su madre, haya hecho algo mal, o tomado las decisiones erróneas en algún momento del camino.
  • Si el bebé come poco... ¡lo mismo! 

Al final, el razonamiento siempre lleva a la misma conclusión: Hacemos muchísimas cosas mal, por no decir todo, todo el tiempo. Somos las peores madres del universo. 

Pero, ¿de verdad lo somos? Lo dudo. Mucho. El problema radica, sencillamente, en esa falta de amor hacia adentro, hacia nosotras. Parecería que, de tanto dar, no nos quedara ya nada para nosotras.

 

Por poner un ejemplo muy evidente que te hará entender lo que quiero decir:

 

Cierra los ojos e imagina por un segundo que fuera tu mejor amiga la que estuviera teniendo problemas con su lactancia, o con los inicios de su maternidad. ¿Cuál sería tu discurso?

 

A) Eres una pésima madre. Algo debes estar haciendo mal para que te duela/sentirte tan mal cuando acabas de ser madre. Tu familia tiene razón. Qué tozuda eres. Vas a acabar dañando a tu bebé, con ese afán de tener razón y proseguir con una lactancia tan complicada. Con lo fácil que es dar un biberón, y listos. Y mira qué bien lo hacen las demás, qué estupendas están, qué poco pierden los nervios... ¡Y tú! Todo el día cansada, con esas pintas y sin energía para nada. No puede ser normal.

O bien...

B) Tranquila. Todo se arreglará. Solo has de pedir ayuda, y seguro que de la mano de alguien que sepa eres capaz de salir de ésta. Porque en plazas más grandes has toreado. Esto es solo un bache, insignificante además, si lo comparas con toda la vida de tu bebé. Yo tengo fe en ti. Eres de las madres más informadas, además de amorosas y preocupadas por el bienestar de su peque que he conocido. Lo estás haciendo fenomenal. Te quiero.

 

Es evidente que, si es tu amiga, tu discurso será el B). ¡Qué demonios! ¡Probablemente lo sea aunque esa mamá en problemas ni siquiera sea tu amiga y nunca te cayera bien! Así que imagínate: eres capaz de hablarle así a ella, a tu amiga o a esa conocida que nunca te gustó, y sin embargo, si el problema lo estuvieras sufriendo tú... ¿qué te estarías diciendo?

 

Muy probablemente, algunas de las cosas que leíste en A).

¿Y no te parece extraño que seas precisamente tú la persona a la que peor tratas en situaciones de crisis? ¿A la que hablas con menos amor y cariño? ¿Con la que te muestras más dura e hiperexigente?

A mí no, la verdad. Visto el entorno, el nivel de exigencia loca que nos rodea y nos abruma, lo que me extraña es que no estemos todas bastante peor. Y quiero pensar que uno de los motivos es ese impulso que tenemos muchas de buscar pares, de agruparnos y hablar, compartir y encontrar el apoyo que necesitamos en otras madres. 

Creo firmemente que, una forma de cuidarnos más, es ciertamente el compartir; compartir experiencias, compartir emociones, compartir truquis... Porque de esta manera otras personas nos ofrecen esas palabras que nosotras no sabemos dedicarnos. Y nos sentimos arropadas y comprendidas.

El siguiente paso sería, pues,

  • aprender a arroparse y autoperdonarse. Eso se consigue cambiando el discurso mental. Para eso hemos de "escucharnos" atentamente: ¿qué estoy pensando sobre mí misma, qué me estoy diciendo para sentirme tan mal? Una vez localizado el discurso, cambiarlo. Por ejemplo: Pasar de "Dios mío, ¡qué poca paciencia tengo! ¡Esta tarde no paro de gritarle!" a "Solo soy una persona, puedo tener un mal día. A todo el mundo le pasa." 
  • Buscar espacios para recuperar energía: quince minutos de salir a correr, veinte minutos de un episodio de nuestra serie favorita, media hora de baño relajante con la música que más nos guste, un ratito para hablar sin interrupciones con nuestra mejor amiga... Sobre todo al principio, no han de ser grandes gestos, ni que impliquen logísticas súper complejas. Pero con uno cada día nos procuramos un mínimo nivel de hedonismo y egoísmo del bueno, ¡del que nos beneficia!
  • Pide ayuda. No pasa nada por saltarte a la torera tu parte del trabajo de la casa. Si das el pecho, solo puedes darlo tú, pero el resto de obligaciones mundanas puede: 1) dejarse sin hacer o 2) ser delegado en otras personas.
  • Y para acabar y parafraseando este artículo: mejor una mamá feliz, que una mamá perfecta. :) Así que... ¡que vivan las imperfecciones!

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Comentarios: 2
  • #1

    Olympia (jueves, 06 septiembre 2018 11:05)

    Mi bebé tiene ahora 14 meses,me siento preparada ahora para empezar a introducir ese ratito al día para mí...a veces se me olvida hacerlo,siento que el tsunami que sacudió nuestras vidas con el nacimiento de mi hijo,aún tiene sus efectos...como bien decís pedir ayuda y reconocer y aceptar que no llegamos a todo es un gran paso.Al menos así ha sido en mi caso.Voto por mamá feliz!!!gracias por crear este espacio!!

  • #2

    Anne (sábado, 15 septiembre 2018 16:42)

    Que buena y bonita entrada! También voto por las Mamás Felices e Imperfectas �
    Gracias por los truquillos, voy a intentar buscarme estos momentos para mí