Enseñando a comer (bien) - Y II

¿Por dónde lo dejamos la semana pasada? Ah, sí. La cuarta sorpresa. Estábamos hablando del libro "Se me hace bola", de Julio Basulto, en el que se trata en profundidad el tema de la alimentación infantil (que básicamente ha de ser la misma que la del adulto). He ido desglosando en una primera parte las afirmaciones del dietista-nutricionista que más me han sorprendido, y hoy acabo con el resumen de su libro -que por supuestísimo os recomiendo, porque es increíble comprobar cómo, en temas relacionados con la alimentación, igual que pasa con la lactancia materna, el nivel de desinformación es monumental (hablo por mí en primer lugar).

Sorpresa #5

No hay que forzar al niño a comer. Nunca. De nada (¡ni de lo sano!)

 

Cuando obligamos a un niño a tomarse dos cucharitas más de algo, aunque sea puré de verduras, estamos haciendo oídos sordos a lo que necesita. No hay que obligar nunca a comer a un niño. Lo único que conseguiremos será propiciar que acabe comiendo siempre más de lo que necesita, y que acabe aborreciendo aquel alimento que le estamos obligando a comer. Tampoco tenemos que obligarle a que coma sin moverse de la mesa (es antinatural a ciertas edades el dejar de moverse; el sedentarismo es otra parte del problema del sobrepeso y la obesidad; y dentro de unos años seguro que ya no tienes ese problema). De la misma manera, tampoco debemos azuzarles para que coman más deprisa. ¿Quién es capaz de hacer sobremesas de tres horas? Los padres,¿ no? Y no pasa nada. Pues eso. Lo que hemos de inculcar es el amor por los alimentos, por compartir esos ratos en buena compañía, y en definitiva hacer del acto de comer un momento de disfrute, complicidad y diversión para todos. 

Sorpresa #6

La publicidad nos determina más de lo que pensamos. Y nos engaña.

 

Al añadir en los envoltorios frases como “sin azúcares añadidos”, “con ingredientes naturales”, “sin grasas hidrogenadas”, los fabricantes no nos están contando toda la verdad.  Así que no nos dejemos engañar. Unas madalenas con harina integral siguen llevando demasiado azúcar y demasiada grasa para lo que el cuerpo de un niño necesita. 

Sorpresa #7

No es malo comer entre horas…

…si el picoteo es sano. Es decir, que si nuestro hijo es de los que comen poquito en cada comida, pero luego entre comidas le permitimos que vaya picando alimentos saludables (palitos de zanahoria, frutos secos, fruta, etc.), no pasa nada. Está alimentándose igualmente bien que si lo comiera todo junto, en tres veces en lugar de en diez. El apetito del niño es errático e impredecible (este punto en concreto ha sido toda una revelación para mí). Si no tiene hambre, es que no necesita comer. Aunque por supuesto, si a la falta de hambre se le asocian otros síntomas, hay que acudir al pediatra.

 

Sorpresa #8

También en temas relacionados con la alimentación, la mejor forma de educar… es el ejemplo

 

No vale chillar, obligar a quedarse en la mesa hasta terminar el plato, amenazar ni chantajear. Lo único que puede ser que funcione es el ejemplo. Si comemos saludablemente, probablemente nuestros niños acabarán comiendo saludablemente también. Menos sermones y más predicar con el ejemplo, porque así como comas tú, así comerá tu hijo a medio-largo plazo (que es el importante). No hay más.

En resumen

Se trata de comer todos más alimentos de origen vegetal (frutas enteras, hortalizas, frutos secos, legumbres, cereales integrales), menos de origen animal (pescados, lácteos, huevos y sobre todo cárnicos) y poquísimos alimentos superfluos. Y sobre todo, faltaría más, de disfrutar juntos en la mesa.


En otro orden de cosas, explicaros que como siempre Gemma nos cautivó con sus razonamientos y reflexiones sobre educación no sexista. Y nos encantó dar la bienvenida a unas cuantas mamis y futuras mamis. 

Y para las que todavía no hayan tenido la ocasión de escuchar a Esther (asesora de lactancia del grupo y dietista-nutricionista), ha tenido el detallazo de dar otra charla sobre el tema de la alimentación complementaria y en concreto el babyled weaning, el miércoles que viene. Será en el local de la plaza de la Sardana, bajos, supongo que a partir de las 10:30. para dar tiempo a que todas vayáis llegando.

¡Nos vemos allí, súper mamis! 

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Enseñando a comer (bien) -I

Hablemos de comida. No hace mucho, me comentaba mi amiga Sarita lo difícil que se ha puesto el tema de elegir lo que comemos. Ella, que venía de hacer un retiro yogui y había comido durante varias semanas vegano, volvía a casa hecha un mar de dudas: "¿Qué puedo comer?" - me preguntaba. Y es que si bien es cierto que aparecen miles de dudas cuando comenzamos con la alimentación complementaria, tema que también hemos tratado en este blog, cuando los alimentos empiezan claramente a destronar a nuestra leche, volvemos a hacernos mil y una preguntas. Acerca de qué debemos y qué no debemos comer. Porque claro, verduras sí, ¿pero y los pesticidas? Y el pescado mejor que la carne, ¿pero y las concentraciones de mercurio en los peces grandes? Al final, como le pasó a mi amiga, ya no sabemos qué comer. Y por extensión, qué dar a nuestra familia.

Así que cuando Esther y Sonia me comentaron que estaban leyendo "Se me hace bola", de Julio Basulto, lo pedí prestado. Y me encantó. Tanto, que le devolví su ejemplar a Esther y compré tres: uno para mí, otro para mi hermana y un tercero para mi amiga.

Ha sido un libro que me ha marcado profundamente. Más que aprender, tengo la impresión de haber "desaprendido" nociones erróneas, que tenía por verdades verdaderas.

Y para que no os lo tengáis que leer (o para despertaros la curiosidad y que lo leáis) os dejo con mi interpretación.

Lo cierto es que en cuestiones relacionadas con la alimentación infantil, cuando lo comencé partía de la premisa de que “acertar” era complicado. El vago concepto “alimentar correctamente” incluía en mi cabeza menús extraños, con ingredientes que no entran en casa, ni gustan a los niños. Este libro me ha abierto los ojos y espero que su resumen os ayude a vosotras también a elegir mejor los alimentos para dar a vuestros hijos. Voy a ir paso a paso, detallando las ideas que me han sorprendido enormemente. No entraré en citas bibliográficas, estudios o recomendaciones de organizaciones nacionales o internacionales, para ir a lo esencial y no alargar el resumen con información que no sean estrictamente prácticas. Evidentemente, si queréis saber más o conocer los estudios que han llevado a las conclusiones que se explican, lo tenéis todo en el libro en cuestión. Vamos allá:

Sorpresa #1

No es tan importante lo que das de comer a tus hijos como lo que NO das de comer a tus hijos.

(Recordatorio: durante los primeros seis meses de vida, la recomendación unánime es lactancia materna exclusiva. A partir de ese momento, ir ofreciendo los alimentos que toma la familia, uno por uno, para detectar posibles alergias, y siguiendo el calendario actual sobre alimentos y alergias).

¿Te imaginas que únicamente evitando el consumo de los alimentos superficiales estuvieras haciendo prevención de cantidad de enfermedades? ¡Pues así es! ¡No hay que hacer nada más! 

Ahora la pregunta del millón: ¿Cuáles son estos no-alimentos? ¿Estas calorías vacías que no aportan absolutamente nada a las necesidades diarias recomendadas de vitaminas, fibra, etc.? La lista es larguísima, pero más o menos la intuimos: galletas, patatas chips, bizcochos, helados,  batidos de cacao, zumos, caramelos, magdalenas, flanes, mermelada, refrescos… Enfin, todos sabemos cuáles son estos alimentos completamente superfluos que inundan nuestra dieta (y los estantes de los supermercados). Unos son azúcar, otros azúcar y grasas, otros sal, otros sal y grasas. Lo ideal es reducir al máximo su consumo.

Para ello, el autor propone:

1.       No tener de estos alimentos en casa. En nuestro hogar (despensa, nevera y congelador) solo deberían haber alimentos saludables.

2.       No ofrecerlos, ni siquiera pensando “por lo menos así come algo”, y aun menos como premio, pues asociarán el alimento inútil con emociones placenteras.

3.       En cambio, dejar siempre al alcance de la mano de los niños tentempiés sanos: frutos secos (solo si tus hijos son mayores, para evitar atragantamientos), fruta cortada, hortalizas frescas (zanahoria, tomate cherry)…

4.       No consumirlos nosotros, porque somos un modelo y nuestros hijos acabarán seguramente comiendo lo que nos vean comer a nosotros, y no lo que les digamos que coman.

5.        No negarlos cuando los piden, sobre todo en cumpleaños, cuando ven comer a amiguitos, etc., porque las prohibiciones despiertan todavía más el apetito por el objeto vetado.

Una dieta malsana supone un peligro para la salud de nuestros hijos, y evitar estos alimentos que antes enumeramos previene enfermedades tales como el cáncer,  enfermedades cardiovasculares, enfermedades respiratorias, diabetes, enfermedades osteomusculares, afecciones bucodentales… O lo que es lo mismo: la mala alimentación tiene muchísimo que ver con la mala salud.

Sorpresa #2

Muchos alimentos que nos han vendido como “sanos”, no lo son

Entre ellos, me ha sorprendido enormemente el zumo de frutas (es mucho mejor comerse una pieza de fruta entera, con su fibra y sus vitaminas, que un zumo, que prácticamente triplica los azúcares de la pieza; cuanto menos zumos, aunque sean caseros, mejor), la miel (no tiene ninguno de los beneficios que se le asignan; es simplemente un azúcar más). Y también el alcohol. Se recomienda no consumir NADA de alcohol, ni siquiera el famoso vasito de vino con las comidas. Se realizó un estudio para ver la repercusión en la salud de superar los límites de consumo de alcohol aconsejados (dos copas al día), y además de confirmarse que se daban más casos de cáncer, también se dieron cuenta de que la estadística subía ¡en aquellas personas que tomaban por debajo de la dosis aconsejada! Así que, hasta que no se hagan nuevos estudios para saber cuál es la mínima cantidad de alcohol que no sería nociva, se recomienda no beberlo nunca. Y otra sorpresa: los niños españoles toman el doble de calcio del que necesitan. Los productos lácteos no son para nada necesarios para nosotros, ni siquiera está demostrado que prevengan las fracturas óseas. Los cereales integrales, magdalenas integrales y las galletas integrales llevan azúcar, grasas y por lo tanto calorías vacías por un tubo. 

Sorpresa #3

El peligro de la “dieta variada”

¡Cuántas veces nos habrán dicho eso! Lo importante es comer de todo… Pues no. No es cierto. No hay que comer de todo. Porque los alimentos superfluos es mejor no introducirlos en nuestra dieta diaria, y son muchos. Realmente, comiendo unos pocos alimentos, bien mezclados, a poder ser no procesados, estaremos alimentándonos perfectamente. Véase: legumbres, verduras y hortalizas, frutas, cereales integrales, frutos secos; en cantidad. Carne y pescado; lo justo. Cuanto más pequeño sea tu hijo, más arriesgado será que tome a menudo alimentos de baja calidad nutricional.

 

Sorpresa #4

Carne y pescado;  ¡poquito!

Desde hace un tiempo se oye decir que si comemos carne a mediodía, toca pescado por la noche. O huevos. Pero en este libro se nos explica que comemos demasiada proteína animal, y ello aumenta el riesgo de padecer numerosas enfermedades. Por eso el consumo de pescado es saludable: porque impide que comamos tanta carne. No porque el pescado tenga un efecto especialmente beneficioso para la salud, que no lo tiene (si abusamos de él, ingerimos muchos contaminantes medioambientales presentes en el mar), sino porque nos evita el comer más carne de la que nuestro cuerpo necesita. No se puede comer más alimentos de origen animal que vegetal.

Tengo hasta siete puntos sorprendentes, pero para no agobiaros continuaré el miércoles que viene. Por cierto, que vendrá Gemma, de Porteo Natural, a darnos una charla sobre educación no sexista. ¡Que no se os pase! Acordaos que son 3€ lo que cuesta asistir. 

Nos vemos el miércoles que viene, mamis. ¡Bienvenidas las nuevas que asistieron el miércoles anterior pero he conocido hoy, y también a esas futuras mamis que ya se han pasado por el grupo con sus tripitas bien tersas (esperamos que no nos necesitéis para nada durante vuestra lactancia)!

 

Nota: Cualquier error en el texto es mío, y no del autor del libro... ¡seguro!

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Esas mamis loquitas (III): Luchando por la lactancia materna

Demasiado a menudo las mamis llegan al grupo desalentadas y frustradas. Solemos tener en mente una imagen (a menudo idealizada, claro) acerca de lo que es o lo que van a ser la maternidad y la lactancia materna en general y nuestra maternidad y lactancia materna en particular. Así que cuando las cosas se tuercen (como a veces pasa en la vida), nos pilla el toro con la guardia baja. Total y absolutamente desprevenidas. 

Es entonces cuando comienza LA LUCHA. Nos vemos envueltas en una guerra sin cuartel, donde lo que ansiamos no es conquistar territorios, sino algo mucho más difícil: instaurar la lactancia materna exclusiva.

A mí también me ha pasado. Y creo que el enfoque es erróneo.

Lo que os voy a explicar os va a parecer un matiz. Una sutileza. Pero yo creo que no lo es.

Y es que... no es lo mismo "luchar" por alcanzar un objetivo inamovible al que tenemos que llegar sí o sí... que tener un deseo perfectamente razonable (dar el pecho a nuestro recién nacido) y hacer lo posible por que así sea.

¿Cuál es la diferencia? El desgaste. Ese desgaste emocional y físico que supone enzarzarse en una batalla campal que hay que ganar, caiga quien caiga. 

¿Veis todos esos "tener que" y "hay que"? Pues ahí está la madre del cordero. Esas expresiones y pensamientos absolutistas son los que nos llevan a la tristeza, la frustración y, en ocasiones, la rabia y el desaliento.

O dicho de otro modo, el perpetuar ese alud de exigencias tremendas y "deberías" sin fin que ya invaden nuestro día a día, solo nos provoca más sufrimiento. Si nos decimos cosas del tipo "¡solo si logro dar el pecho seré una buena madre!" o "¡si le doy leche de fórmula (en biberón) seré una madre espantosa y estaré cayendo en el peor de los abismos!" nuestro corazón se encoge, se nos llenan los ojos de lágrimas y nos angustiamos inmediatamente. Las emociones siguen obedientemente allá donde nuestro diálogo interno nos quiera llevar. En este caso, a la tristeza y la preocupación.

Y lo peor es que pensamos que si no razonamos en estos términos ¡nunca lo lograremos! Tenemos que ponernos en plan de guerra, firmes en nuestro propósito.

Vamos a ahondar un poco más en el otro "approche", que dicen los franceses. En esta otra forma de enfocar las dificultades que os comentaba. La que se basa en la fuerza del disfrute. La que nos empuja desde el deseo, y no desde la exigencia. Si decidimos aplicar este tipo de filosofía para nombrar nuestras primeras dificultades con la lactancia materna, nos senti-remos más tranquilas. Y todos sabemos que desde la calma también aparecen más fácilmente soluciones creativas. 

¿Verdad que cuando estamos alterados no pensamos con claridad? Desde esta perspectiva, estamos trabajando para resolver cada bache con tesón pero sin desgaste. Con relativa tranquilidad y alegría. Porque tenemos en cuenta que la meta final, ahí donde nos gustaría llegar (la lactancia materna exclusiva) no es más que eso: un deseo. Si se cumple y la podemos instaurar, genial. Si (por las razones que sea) no podemos solucionar los impedimentos, comenzaremos una lactancia mixta o pasaremos a la leche de fórmula. No será agradable, porque siempre cuesta renunciar a un deseo, ¿sí? Pero el nivel de frustración será menor. Y tampoco sentiremos que hemos perdido la gran batalla de nuestras vidas -porque ni siquiera habíamos planteado la situación en esos términos. Aquí tenéis el enlace a un artículo muy bueno relacionado con el tema que nos ocupa...

Y bueno, ya sabéis que estas ideas no las he inventado yo, y que si queréis leer un poco más acerca de la psicología cognitiva y además pasar un rato divertido, tenéis los libros de Rafael Santandreu a vuestra disposición en la mayoría de bibliotecas-

Justo antes de publicar esta entrada, me he topado con este texto en la bandeja de entrada de mi correo. Y como viene al pelo para lo que quería explicar, aquí os lo copio:

Aceptación positiva vs. aceptación sombría

"Trabajar" es una palabra positiva. "Luchar", negativa. "Trabajar" alude a divertirse, a hacer cosas hermosas. "Luchar" implica obligarse, sufrir, presionarse. Esto último no es lo que queremos, porque luchando lo pasaremos mal

y rendiremos muy poco: nos agotaremos hasta acabar con nuestra salud mental. Trabajando con ilusión la vida seguirá siendo hermosa y los resultados de nuestro esfuerzo, mucho mejores.


Estas semanas que no he publicado entrada en el blog, hemos tenido el placer de volver a recibir a Gemma, de Porteo Natural, en nuestro grupo. Esta chica tiene un carisma que no se lo acaba. Vino a hablarnos sobre la crianza respetuosa, en concreto hizo hincapié en la adaptación de los espacios a las necesidades de los más pequeños. Súper interesante, como siempre. Para julio hemos quedado ya en que vendrá una tarde a hablarnos sobre educación no sexista. ¡Casi nada! Hemos decidido que, para animar a venir a los papis (como la charla será por la tarde y muchos podrán asistir), en lugar de tres euros, los acompañantes/maridos solo pagarán 1 euro.


Y como las mamis están on fire y siempre quieren más, Esther organizó también la visita y charla de Patricia, osteópata y fisioterapeuta en Zenfit, para hablarnos sobre la psicomotricidad en el bebé de 0 a 3 años. Otra vez, una persona de excepción explicándonos cosas útiles... bien explicadas.

Desde aquí, nuestro agradecimiento tanto a ella como a Gemma por estas enriquecedoras visitas. 

Si conocéis a profesionales o personas apasionadas y entendidas en algún tema que intuyáis puede interesar al resto de mamis, no dudéis en proponer traerlas. ¡Haremos lo posible para que compartan ese ratito de los miércoles con nosotras!

 

Por último, una pequeña información práctica: los miércoles 22 y 29 de junio: 

1) el grupo se reunirá en algún espacio sombreado del parque Fontsanta (queda definir exactamente el punto). Y a partir de esas fechas ya todos los miércoles de julio y septiembre hasta que comience el nuevo curso. 

2)  yo no estaré en territorio español, con lo que si nos necesitáis, podéis contar con Esther (que será quien vaya al grupo hasta mi regreso) y con María.

¡Nos vemos el miércoles que viene (último miércoles en el Centre Cívic, este verano)! 

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¡Marchando una de reflexiones!

¡La primera vez que me maquillan en mi vida!
¡La primera vez que me maquillan en mi vida!

La semana pasada me llamaron de El Punt Avui TV para preguntarme si quería participar un miércoles en una tertulia televisiva sobre lactancia materna, aprovechando que el jueves era el día mundial de la donación de leche materna.

María no podía ir, y la siguiente en la lista era yo. Y dije que sí. Aquí va mi primera reflexión y el por qué acepté la invitación: Creo que toda visibilidad es poca. Que tenemos que intentar que se nos escuche y se nos comprenda, aunque se discrepe de nuestras razones. Porque, señores, corre por ahí mucha información a) obsoletísima, b) falsa y c) sin otro fundamento que la creencia popular. 

Releyendo lo que acabo de escribir, me doy cuenta de que parecería que yo, personalmente, tuviera ese limitado acceso a la Verdad (así, en mayúsculas) solo disponible para unos pocos elegidos. Y nada más lejos de la realidad. De hecho, si lo que María, Esther y yo sabemos lo supieran también todas las madres, pediatras, comadronas, vecinos, amigos, tenderos y familia, nuestro grupo se extinguiría. Así de simple.

Pero volvamos al tema que nos ocupa.

Acudí a la tertulia y, la verdad, fue una experiencia muy chula y divertida. Pero me quedé con ganas de decir algunas cosas, y aprovecho este foro para plasmarlas. 

Diréis: ¡pero si casi no dejaste hablar a nadie! ¡Todavía te quedó algo en el tintero? Pues sí. Es que cuando comienzo... Me cuesta parar. Así que ahí voy:

Respecto a si se juzga a las madres según la opción que elijan, el eterno debate lactancia materna vs. lactancia artificial... Bueno, yo creo que ahí no hay discusión posible. La respuesta, lamentablemente, es positiva. Ahora bien, yo creo que a medio-largo plazo esta dicotomía está abocada a desaparecer. Llamadme optimista. Por la sencilla razón de que, en unos años, ya nadie hablará de dar leche arficial como una opción paralela a la de dar el pecho. Es decir, que de la misma forma que nadie se plantea ponerse gafas si no las necesita, las mamás darán el pecho... y el biberón cuando lo necesiten. El biberón de leche artificial estará al mismo nivel que cualquier otro apoyo al que podamos recurrir cuando alguna parte de nuestro cuerpo no está pudiendo cumplir su función -las muletas, las plantillas, las gafas, etc. La mamá que dé bibe con leche de fórmula será aquélla que no haya podido dar el pecho. Algunas habrá que no hayan querido, igual que hay gente que se pone gafas simplemente por cuestiones estéticas, y no porque las necesite. Pero nadie se lo discute. Cada uno que haga lo que quiera. Pues, en mi opinión, dentro de unos años (quizá décadas), nadie mirará mal a las mamás que den el pecho, ni a las que den leche en polvo. De la misma forma que nadie mira mal a quien utiliza sus piernas para caminar, pero tampoco al que se ha hecho una fractura y lleva escayola y muletas.

Todo estará bien.

Me explicaba el otro día mi marido que la mujer solo hace cincuenta años que tiene derecho a voto en nuestro país. ¡50 años! ¿Os hacéis una idea? Es como... ¡ayer! Pues yo creo que en los días previos a que se aprobara la ley que nos permite votar a las mujeres, las discusiones serían muy parecidas a las que despierta este tema ahora. Seguro que habría gente a favor, gente en contra, y eso daría lugar a conversaciones airadas y debates acalorados. Pero llega un punto en el tiempo, cuando ya todo el mundo entiende que lo natural y justo es que podamos votar, que estos debates pierden sentido. Pues lo mismo creo que pasará con esta discusión actual. Que se caerá sola. Por su propia absurdidad. (A menos, como dice mi marido, que se invente una leche de fórmula tan perfecta, que fuera idéntica a la materna. Difícil lo veo...)

Por último, un punto final respecto a esas cosas que "molestan" en o a la sociedad, y que llevan a los restauradores a crear espacios sin niños (¿os imagináis que crearan restaurantes sin mujeres, porque hablamos alto o reímos demasiado fuerte?) con el pretexto de que molestan.

De veras creo que si ahora mismo tuviéramos que adorar a un nuevo dios, sería el dios Comodidad. Por favor, que nadie me disturbe mientras como. Que el servicio sea impecable, la comida riquísima, el precio justo y no se oiga una mosca. Nos volvemos neuróticos exigiéndole a la vida un nivel imposible de perfección. 

Y el que moleste ver a una mujer amamantando creo que es una consecuencia más de esta especie de locura compartida. Pensamos que la comodidad nos va a llevar a la felicidad, cuando la felicidad está claramente en otro sitio. Pero nosotros erre que erre, a exigir que todo sea tal y como nosotros queremos. (Y aquí sí que no tengo tan claro que vaya a darse un cambio any time soon... que yo vaya a vivir para ver este cambio de paradigma, vaya...)


Pasando a otra cosa, hace dos miércoles estuvo en el grupo otra vez Gemma, de Porteo Natural, esta vez explicando cosas sobre eco-menstruación. Yo no pude asistir, pero como siempre, me dijeron que fue súper interesante. ¡Acudieron casi todas las mamis del grupo! Y más de una se llevó alguna copa menstrual, pañales de tela y productos similares. Desde aquí, agradecer a Gemma que venga a vernos siempre que se lo pedimos y ¡que nos enseñe tan bien! 

Y bueno, en vista del éxito de todas sus charlas, no descarto que regrese al grupo para hablarnos de crianza respetuosa y de educación feminista... ¿Cómo lo veis? 

Para ir calentando motores, a la que tenga curiosidad por el sexismo en nuestra educación actual, le recomiendo fervientemente la lectura de "El club de las malas madres", de Lucía Etxebarría.

Buenísimo.

Y tiene un capítulo enterito dedicado al tema... que da mucho qué pensar. Mucho.

Bueno. Ahora sí que sí me quedo tranquila. ¡Uf! Espero no haberos cansado demasiado con mis elucubraciones y visiones rappelianas

¡Nos vemos el miércoles que viene!

Fotos: las dos primeras de Carme Porcel, quien amablemente no paró de hacer clic con mi cámara durante todo el programa

(mil gràcies!).

El resto: Anita Photography

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Los Pilares de la Teta

En mi experiencia, son más de uno y más de dos los elementos que confluyen y las personas que favorecen una lactancia materna exitosa y satisfactoria para todos. El primero de ellos, pienso, es la suerte. Puede ser que te toque el bebé que se agarra a la primera, perfectamente, a tu pecho. Sin que tengas que preocuparte de la posición, ni del frenillo, ni de las grietas. Llega, se agarra, mama, y ahí se queda. Feliz. Engordando. A estos tándems mami-bebé, evidentemente, no les solemos ver mucho por el grupo. ¡Pero que eso no te haga creer que no existen! Porque están ahí fuera y son muchos.

En segundo lugar, se puede ayudar un poco a la suerte a base de recabar información antes de que llegue el bebé. Puede ser leyendo bibliografía relacionada con la lactancia materna (por ejemplo, si has leído "Un regalo para toda la vida", de Carlos González), o paseándote por la web de Alba Lactancia Materna antes de dar a luz. O viniendo a vernos al grupo de apoyo a la lactancia estando todavía embarazada, como vimos en el post anterior. En cualquiera de estos casos, que sepas que aumentan drásticamente las probabilidades de que la cosa salga bien a la primera. Digamos que son buenas maneras de ayudar a que la suerte se ponga de tu parte.

Otra ayuda fundamental suelen ser las buenas amigas. Bueno, las amigas, cuñadas, vecinas, primas... Esas mamis, cercanas a ti y que te adoran, que ya han pasado por un parto y los primeros días de tener al bebé en casa, y te aconsejan sabia y amorosamente. Te dicen que vayas a ver a un grupo de lactancia, que leas este libro y este otro, te pasan enlaces a webs por whatsapp y, básicamente, te desvelan todo un mundo de información al que jamás pensaste que podrías tener acceso. Ellas te ayudarán a evitar los primeros problemas y, si surgen, te darán mil opciones para solventarlos. Te harán ver que no estás sola. Te harán llegar todo el amor del universo. Y la información que necesites, también.

Pero, después de papi (al que ya dedicamos un espacio en nuestro blog no hace muchos días), el pedestal más grande y hermoso en este camino por una lactancia materna sin sobresaltos se lo tendríamos que hacer a las abuelas y abuelos. Y a los "tiets" y las "tietes". Pero no a los que critican y desmontan nuestras creencias aprendidas en los últimos tiempos, ni a los que deciden enfadarse porque les molesta que no queramos despertar al bebé cuando vienen de visita. Esos son de otra pasta. Yo hablo de ésos que nos traen túpers con comidita de la buena, la que alimenta de verdad. Esos abuelos y abuelas entregados y dispuestos, impacientes por echarnos una mano. 

Respetuosos con nuestras decisiones, aunque a menudo no las compartan ni comprendan, y no puedan esconder su cara de sorpresa ante alguna de las "modernidades" que estamos adoptando. ¡Pero qué importa! Porque con impaciencia mal disimulada cogen al bebé en brazos con una sonrisa que no les cabe en el rostro y le entretienen mientras nosotras nos echamos una siestecita reparadora, salimos a tomar el aire, o a hacer un curso interesante que nos renovará por dentro y por fuera, como decía aquel anuncio.

Esos abuelitos y abuelitas, tíos y tías, que sentimos a nuestro lado, apoyándonos en cada momento y haciéndonos la vida un poco más fácil (o un mucho) con gestos enormes -como cuidar de nuestros pequeños cuando volvemos a trabajar- y con otros más pequeños -como dándonos un abrazo enorme cuando llegan de visita.

Porque a veces, por las razones que sea, esto de la lactancia es difícil. Cuesta instaurarla y parece que todos los planetas se alinean para que por cada tres pasos que avanzamos, retrocedamos dos. Es entonces donde la presencia cálida de estos puntales maravillosos más se agradece. 

Es lo que tienen los padres. Que suelen estar para todo. Y los hermanos.

Para ellos pues este agradecimiento. Muchísimas gracias. Porque sin vosotros muchas lactancias no habrían sido posibles, y muchas mamás habrían vivido (todavía) más nerviosas. Muchas casas habrían estado más desastrosas de lo que ya suelen; muchos armarios estarían a rebosar de ropa sin planchar (¿sin doblar?); enormes cantidades de colada sucia seguiría a día de hoy sucia, cubriendo el suelo de otros tantos lavaderos y cuartos de baño; cientos o miles de neveras se encontrarían vacías... y a saber cuántas de nosotras, sin vuestra ayuda, hubiéramos decidido que no podíamos con todo y abandonado toda esperanza de dar el pecho a nuestros bebés. Un brindis (¡sin alcohol, por supuesto!) por vosotros y vosotras.


Hace dos miércoles tuvimos taller de porteo a cargo de Gemma (de Porteo Natural), y el miércoles siguiente charla sobre alimentación infantil, que dio nuestra dietista-nutricionista-asesora, Esther. ¡Ambas convocatorias fueron un éxito! Así que probablemente repitamos. De hecho, el miércoles que viene regresará Gemma al grupo, para enseñarnos mil cosas sobre la copa menstrual. Yo no pude asistir a su exposición sobre porteo, pero todas las mamis quedaron encantadas.

... Y las que no pudieron venir pidieron que organizáramos la misma charla, pero una tarde. Probablemente ya sea para el curso que viene, pero lo tenemos en mente y lo intentaremos por todos los medios.


Esta vez me despido con un pequeño pase de diapositivas: del día de la comida en el restaurante del Club de Pádel, de la charla de Esther, y de algunos abuelos que se pasaron para hacerse las fotos que iban a ilustrar la entrada de hoy... 

 

¡Nos vemos el MIÉRCOLES que viene! 

Fotos (excepto la correspondiente al taller de porteo, cortesía de Esther -¡gracias!): Anita Photography

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