Enseñando a comer (bien) -I

Hablemos de comida. No hace mucho, me comentaba mi amiga Sarita lo difícil que se ha puesto el tema de elegir lo que comemos. Ella, que venía de hacer un retiro yogui y había comido durante varias semanas vegano, volvía a casa hecha un mar de dudas: "¿Qué puedo comer?" - me preguntaba. Y es que si bien es cierto que aparecen miles de dudas cuando comenzamos con la alimentación complementaria, tema que también hemos tratado en este blog, cuando los alimentos empiezan claramente a destronar a nuestra leche, volvemos a hacernos mil y una preguntas. Acerca de qué debemos y qué no debemos comer. Porque claro, verduras sí, ¿pero y los pesticidas? Y el pescado mejor que la carne, ¿pero y las concentraciones de mercurio en los peces grandes? Al final, como le pasó a mi amiga, ya no sabemos qué comer. Y por extensión, qué dar a nuestra familia.

Así que cuando Esther y Sonia me comentaron que estaban leyendo "Se me hace bola", de Julio Basulto, lo pedí prestado. Y me encantó. Tanto, que le devolví su ejemplar a Esther y compré tres: uno para mí, otro para mi hermana y un tercero para mi amiga.

Ha sido un libro que me ha marcado profundamente. Más que aprender, tengo la impresión de haber "desaprendido" nociones erróneas, que tenía por verdades verdaderas.

Y para que no os lo tengáis que leer (o para despertaros la curiosidad y que lo leáis) os dejo con mi interpretación.

Lo cierto es que en cuestiones relacionadas con la alimentación infantil, cuando lo comencé partía de la premisa de que “acertar” era complicado. El vago concepto “alimentar correctamente” incluía en mi cabeza menús extraños, con ingredientes que no entran en casa, ni gustan a los niños. Este libro me ha abierto los ojos y espero que su resumen os ayude a vosotras también a elegir mejor los alimentos para dar a vuestros hijos. Voy a ir paso a paso, detallando las ideas que me han sorprendido enormemente. No entraré en citas bibliográficas, estudios o recomendaciones de organizaciones nacionales o internacionales, para ir a lo esencial y no alargar el resumen con información que no sean estrictamente prácticas. Evidentemente, si queréis saber más o conocer los estudios que han llevado a las conclusiones que se explican, lo tenéis todo en el libro en cuestión. Vamos allá:

Sorpresa #1

No es tan importante lo que das de comer a tus hijos como lo que NO das de comer a tus hijos.

(Recordatorio: durante los primeros seis meses de vida, la recomendación unánime es lactancia materna exclusiva. A partir de ese momento, ir ofreciendo los alimentos que toma la familia, uno por uno, para detectar posibles alergias, y siguiendo el calendario actual sobre alimentos y alergias).

¿Te imaginas que únicamente evitando el consumo de los alimentos superficiales estuvieras haciendo prevención de cantidad de enfermedades? ¡Pues así es! ¡No hay que hacer nada más! 

Ahora la pregunta del millón: ¿Cuáles son estos no-alimentos? ¿Estas calorías vacías que no aportan absolutamente nada a las necesidades diarias recomendadas de vitaminas, fibra, etc.? La lista es larguísima, pero más o menos la intuimos: galletas, patatas chips, bizcochos, helados,  batidos de cacao, zumos, caramelos, magdalenas, flanes, mermelada, refrescos… Enfin, todos sabemos cuáles son estos alimentos completamente superfluos que inundan nuestra dieta (y los estantes de los supermercados). Unos son azúcar, otros azúcar y grasas, otros sal, otros sal y grasas. Lo ideal es reducir al máximo su consumo.

Para ello, el autor propone:

1.       No tener de estos alimentos en casa. En nuestro hogar (despensa, nevera y congelador) solo deberían haber alimentos saludables.

2.       No ofrecerlos, ni siquiera pensando “por lo menos así come algo”, y aun menos como premio, pues asociarán el alimento inútil con emociones placenteras.

3.       En cambio, dejar siempre al alcance de la mano de los niños tentempiés sanos: frutos secos (solo si tus hijos son mayores, para evitar atragantamientos), fruta cortada, hortalizas frescas (zanahoria, tomate cherry)…

4.       No consumirlos nosotros, porque somos un modelo y nuestros hijos acabarán seguramente comiendo lo que nos vean comer a nosotros, y no lo que les digamos que coman.

5.        No negarlos cuando los piden, sobre todo en cumpleaños, cuando ven comer a amiguitos, etc., porque las prohibiciones despiertan todavía más el apetito por el objeto vetado.

Una dieta malsana supone un peligro para la salud de nuestros hijos, y evitar estos alimentos que antes enumeramos previene enfermedades tales como el cáncer,  enfermedades cardiovasculares, enfermedades respiratorias, diabetes, enfermedades osteomusculares, afecciones bucodentales… O lo que es lo mismo: la mala alimentación tiene muchísimo que ver con la mala salud.

Sorpresa #2

Muchos alimentos que nos han vendido como “sanos”, no lo son

Entre ellos, me ha sorprendido enormemente el zumo de frutas (es mucho mejor comerse una pieza de fruta entera, con su fibra y sus vitaminas, que un zumo, que prácticamente triplica los azúcares de la pieza; cuanto menos zumos, aunque sean caseros, mejor), la miel (no tiene ninguno de los beneficios que se le asignan; es simplemente un azúcar más). Y también el alcohol. Se recomienda no consumir NADA de alcohol, ni siquiera el famoso vasito de vino con las comidas. Se realizó un estudio para ver la repercusión en la salud de superar los límites de consumo de alcohol aconsejados (dos copas al día), y además de confirmarse que se daban más casos de cáncer, también se dieron cuenta de que la estadística subía ¡en aquellas personas que tomaban por debajo de la dosis aconsejada! Así que, hasta que no se hagan nuevos estudios para saber cuál es la mínima cantidad de alcohol que no sería nociva, se recomienda no beberlo nunca. Y otra sorpresa: los niños españoles toman el doble de calcio del que necesitan. Los productos lácteos no son para nada necesarios para nosotros, ni siquiera está demostrado que prevengan las fracturas óseas. Los cereales integrales, magdalenas integrales y las galletas integrales llevan azúcar, grasas y por lo tanto calorías vacías por un tubo. 

Sorpresa #3

El peligro de la “dieta variada”

¡Cuántas veces nos habrán dicho eso! Lo importante es comer de todo… Pues no. No es cierto. No hay que comer de todo. Porque los alimentos superfluos es mejor no introducirlos en nuestra dieta diaria, y son muchos. Realmente, comiendo unos pocos alimentos, bien mezclados, a poder ser no procesados, estaremos alimentándonos perfectamente. Véase: legumbres, verduras y hortalizas, frutas, cereales integrales, frutos secos; en cantidad. Carne y pescado; lo justo. Cuanto más pequeño sea tu hijo, más arriesgado será que tome a menudo alimentos de baja calidad nutricional.

 

Sorpresa #4

Carne y pescado;  ¡poquito!

Desde hace un tiempo se oye decir que si comemos carne a mediodía, toca pescado por la noche. O huevos. Pero en este libro se nos explica que comemos demasiada proteína animal, y ello aumenta el riesgo de padecer numerosas enfermedades. Por eso el consumo de pescado es saludable: porque impide que comamos tanta carne. No porque el pescado tenga un efecto especialmente beneficioso para la salud, que no lo tiene (si abusamos de él, ingerimos muchos contaminantes medioambientales presentes en el mar), sino porque nos evita el comer más carne de la que nuestro cuerpo necesita. No se puede comer más alimentos de origen animal que vegetal.

Tengo hasta siete puntos sorprendentes, pero para no agobiaros continuaré el miércoles que viene. Por cierto, que vendrá Gemma, de Porteo Natural, a darnos una charla sobre educación no sexista. ¡Que no se os pase! Acordaos que son 3€ lo que cuesta asistir. 

Nos vemos el miércoles que viene, mamis. ¡Bienvenidas las nuevas que asistieron el miércoles anterior pero he conocido hoy, y también a esas futuras mamis que ya se han pasado por el grupo con sus tripitas bien tersas (esperamos que no nos necesitéis para nada durante vuestra lactancia)!

 

Nota: Cualquier error en el texto es mío, y no del autor del libro... ¡seguro!

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